Como aparecen en la vida, como modelan tu carácter, como te preparan y te hacen madurar. Opino que todas las personas que se van cruzando en mi vida van dejando una marca, más difuminada o más marcada, pero nunca me dejan igual que como de encontraron.
En microespacios como en un trabajo, por ejemplo, las relaciones siguen siempre un dinámico tira y afloja, en el cual parece imprescindible seguir unas normas de cortesía para poder mantener la calma. Pasar tantas horas atrapado en cuatro paredes, con tus compañeros, con los pacientes que entran y salen, requiere un gran esfuerzo mental para no desequilibrar el ánimo. Yo siempre digo: "Una historia nueva cada 15 minutos".
Mantener la empatía sin dejarse llevar por la tristeza o la malaleche es todo un arte. Llevo años perfeccionandolo y me siento orgullosa de estar consiguiendolo. Hacer pasar al típico pesado de turno que viene sin cita previa con una excusa nueva cada semana, sin voluntad de cambiar hàbitos o conductas, pretendiendo que con una varita mágica le soluciones el problema acaba cansando. O quizà crea que por mirarle la tensión mil veces pueda negociar contigo - imagino yo -para lograr que baje un poco sin tener que renunciar a los cinco cortados que toma... como si yo tuviera un trato especial con la Sra. Naturaleza (o Gaia) y pudiera cambiar algo.
Luego inmediatamente entra el otro que lleva esperando un buen rato por culpa del esporádico, que sin hablar demasiado es evidente que se pondrá a llorar por alguna desgracia injusta que se suma al gran listado de premios que Murphy ha dejado caer en su cabeza. Y para qué negarlo... a veces lloro con ellos. Todavía no he perfeccionado tanto la técnica.
Trabajar de esto, la enfermería, me ha hecho valorar más lo fugaz de la vida. Hoy está... mañana no. Hoy lo tienes, quizá mañana se escape. No mucha gente que conozca se molesta en decir cuánto le importa alguien, sonreír más a menudo o no tener miedo de decir "Te quiero". Siempre estamos demasiado enfadados o centrados en nuestro propio ombligo, con cierta certeza de que todo es permanente. Llego, soy espontánea, digo lo que pienso y me miran extrañados por la actitud semiinfantil que presento como carta de identidad. Tendríamos que ser tan mayores... es lo que exige la sociedad ¿no?. Esa carta de presentación mina a menudo el primer concepto que me dedican los desconocidos. Estropea mi credibilidad. No pasa nada, la recupero rápido. No soy idiota y se nota. Pero ver que mañana puedo morir hace que me de igual disfrazarme de gris con tacones y mejorar mi networking, hay cosas más importantes.
He pensado que haré más referencias a mi trabajo como enfermera de atención primária, ya que es un trabajo poco conocido entre la gente. Digamos que más bien las personas creen que la enfermera es aquella que le lleva el café al médico, o aún peor, como aquella mujer sin mucho carácter que lleva sólo una bata ceñida al cuerpo, dispuesta a conceder todos los deseos al más tontolaba.
Lili




2 comentarios:
Enfermeria, vaya, para mi es un trabajo muy dificil, francamete no podría hacerlo, seria muy duro para mi.
Hoy pensaba en las relaciones humanas, pero... las mas cercanas... muchas veces ni sabemos cuando y de pronto a quien tienes mas cerca ya no tienes nunca mas, ya sea que su vida se termine o que simplemente los caminos se separen.
"Hoy está... mañana no. Hoy lo tienes, quizá mañana se escape."
Esta frase me gusto mucho, pienso igual, conmigo tambien la gente se sorprende de que sonria o diga lo mucho que quiero a alguien... no me duele que me vean raro, pero me duele que la persona mas cercana a mi no lo vea desde mi punto.
No es que la gente se extrañe de que les digas las verdades a la cara como presentación, es que les molesta. Esto es sólo una suposición, claro: no te conozco. Pero así es como he visto suceder las cosas miles de veces. Y es que es más fácil responder con cariño a una sonrisa que a una verdad no pedida.
De todos modos yo soy de los que se aturulla si le meten prisa, y más aún si la prisa se la mete otra gente y no simplemente la falta de tiempo. Así que millones de veces he tratado con sequedad a las personas cuando he trabajado cara al publico… que han sido muchas, por desgracia.
Aunque, para terminar de serte sincero, cuando menos me ha costado fue cuando los recogía con mi ambulancia por esas calles de dios tras sufrir, ellos, un accidente.
Pero yo no soy quien para dar consejos, por eso no los doy. En cambio si te ofreceré mi sonrisa (virtual) y mi animo para seguir atendiendo a la gente. Con empatía cuando te sea posible, con diligencia cuando todo lo demás falle.
Yo ya no conduzco ambulancias… y a veces echo de menos sus palabras de agradecimiento. Pero… eso es otra historia, y deberá ser contada en otro momento.
Un saludo.
Publicar un comentario en la entrada