25 de enero de 2011

La alimentación en el niño de 1 a 3 años (1era parte)




He realizado un trabajo final en mi postgrado de Nutrición y Salud Alimentaria que pienso que puede ser de interés para muchos padres que estén interesados en este tema. Cuelgo la primera parte y según el interés continuaré con el resto. Espero que sea de utilidad.
Opino que hay mucha desinformación y multitud de dudas respecto a la nutrición infantil, detectadas sobretodo a raíz de mi experiencia laboral como enfermera de atención primaria. Quizá sea bueno empezar a dar un giro en este blog y convertirlo en una herramienta para difundir mis conocimientos adquiridos.


Introducción:
A partir del año de vida la introducción de la alimentación complementaria (aunque hay alimentos que se introducirán más tarde, como los frutos secos o las legumbres) está prácticamente finalizada. Por lo tanto el objetivo de esta edad es conseguir aprender a masticar y alcanzar la meta de una dieta variada y equilibrada.



La transición:
Sobre el primer objetivo, aprender a masticar, debemos tener en cuenta que no hay aprendizaje que se pueda alcanzar de un día para otro. Por lo tanto debemos entender que el niño, en este proceso se ensuciará, comerá con los dedos, tardará ... Habrá comprensión y paciencia por parte de los padres para convertir este aprendizaje en una emocionante exploración llena de descubrimientos. Paralelamente el niño querrá intentar comer solo y se le debería dejar. Quizás este interés desaparezca más adelante y vale la pena aprovecharse del mismo para que el bebé progrese en su madurez respecto a la comida.



Debemos tener en cuenta el tamaño de las cucharadas de comida y la cantidad del mismo. La boca y el estómago del pequeño no son como las de un adulto. Una cucharada demasiado llena puede provocar una desagradable sensación de ahogo. En cuanto a la cantidad de comida, considero importante nivelar las expectativas de los padres (que angustian mucho) con las posibilidades del niño. Se debe respetar el apetito del bebé (siempre ofreciendo una variedad de alimentos adecuada) y no convertir la hora de comer en una batalla campal por no convertir las comidas en una situación desagradable para todos los implicados.

Es buena idea incluir al niño en las comidas de los adultos. Así la comida se convierte en un momento para disfrutar en familia y los niños siempre aceptarán mejor comida y masticar por imitación. En esta etapa la comida del niño se parecerá cada vez más a las comidas de los padres, teniendo en cuenta que la sal, azúcares, picantes y excitantes no son convenientes. ¿Porque no apartar en un cazo antes de añadir ciertos condimentos la parte que correspondería al niño y acabar de cocinarlo aparte?



Con esto ya entraríamos en el segundo objetivo: Conseguir una dieta variada, equilibrada y nutritiva para el niño. E ir haciendo la transición hacia el sólido: triturado, semi triturado y finalmente la misma textura para toda la familia: sólido. La observación es imprescindible. A muchos niños no les gusta inicialmente el semi triturado o el sólido. No pasa nada. No todos los niños progresan de la misma manera y eso no son normas rígidas. Al igual que caminar o hablar, cada niño tiene su ritmo.

Sin embargo, remarcamos que los niños aprenden por imitación y además tienen un gran interés por la comida de los padres. De ahí también la importancia de comer juntos en un clima apacible. Con amor y paciencia todos los niños pueden alcanzar estos objetivos sin ningún drama para la familia.